Colocar un aseo convencional en una zona alejada de la red de alcantarillado suele ser mucho más complejo y caro de lo que parece. Los costes se disparan porque hay que abrir zanjas largas, salvar desniveles, pedir licencias y ejecutar una acometida específica hasta la red pública. Un sistema de alcantarillado puede fácilmente superar los 1.000 euros por metro lineal, de modo que cada metro adicional de tubería y obra civil tiene un impacto directo en los presupuestos y muchas veces es determinante para decidir no instalar ningún aseo.
Además, cuando el inodoro queda demasiado lejos de la bajante, la instalación deja de ser “simple fontanería” y empieza a requerir soluciones técnicas especiales: tuberías sobredimensionadas, pendientes muy calculadas o incluso trituradores-bomba para impulsar las aguas residuales. Si estos elementos no se diseñan bien, aparecen atascos, malos olores y averías frecuentes, que encarecen todavía más la vida útil del baño.
En muchos entornos rurales, zonas verdes o espacios temporales, la distancia a la red hace que un aseo convencional pierda sentido. A esto se suma el coste de conectarse al alcantarillado, que en una acometida sencilla de pocos metros ya puede alcanzar varios miles de euros, aumentando según longitud, profundidad y tipo de terreno. Por eso cada vez más proyectos optan por soluciones alternativas como los baños secos, que evitan largas acometidas y pueden reducir significativamente los costes de construcción y también los operativos frente a los baños tradicionales conectados a la red.
